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Reúnen evidencia directa del rol de las señales cardiacas en el procesamiento de las emociones

Un equipo liderado por científicos argentinos realizó  electroencefalogramas y mediciones de los latidos de 10 participantes  que miraban videos con contenido emocional positivo, neutral y negativo.  El trabajo sienta bases para entender mejor trastornos psiquiátricos  relacionados con la ansiedad o la depresión.

A partir de un riguroso y elegante experimento, un equipo de  científicos argentinos lideró un trabajo que logró reunir por primera  vez evidencias directas sobre cómo intervienen las señales corporales  internas (en esta caso, del corazón) en la dinámica de los procesos  emocionales.
“Nuestro trabajo aporta evidencia sobre la participación de las señales  cardíacas en el procesamiento cerebral de la emoción”, indicó a la  Agencia CyTA-Leloir uno de los primeros autores del estudio, el  licenciado Federico Adolfi, del Instituto de Neurociencia Cognitiva y  Traslacional (INCyT), que depende del CONICET, INECO y la Universidad  Favaloro.


Federico Adolfi es músico y compositor graduado del Berklee  International Network. Como parte de su formación en neurociencias fue  seleccionado en 2013 por el LPEN para trabajar en el proyecto de  N400-Alzheimer-Música incorporándolo a su tesis de la carrera de  Psicología en la Universidad Favaloro. Actualmente se desempeña como  investigador en el Laboratorio de Psicología Experimental y  Neurociencias de INECO. Su interés se centra en la forma en que el  cerebro de pacientes y sujetos sanos procesa la música.


Estudios previos habían sugerido que la emoción requeriría la  integración por parte del cerebro de señales interoceptivas  (provenientes del corazón, del pulmón, de las vísceras y otros órganos) y  estímulos del entorno, y, por lo tanto, que los estados corporales  influirían en la experiencia emocional. “Sin embargo, estos estudios lo  habían abordado de manera indirecta, centrándose en el análisis de los  correlatos cerebrales asociados a estímulos externos. Nosotros logramos  medir las señales internas mientras 10 participantes procesaban  emociones a partir de experiencias puntuales”, puntualizó Adolfi, quien  también es músico e integra en el INCyT el Laboratorio de Psicología  Experimental y Neurociencia (LPEN), que lidera  el doctor Agustín  Ibañez.
En el nuevo estudio, publicado en la revista “Autonomic  Neuroscience”,  Adolfi y sus colegas expusieron a 10 hombres y mujeres  sanos a la proyección de videos con contenido emocional positivo,  neutral y negativo. Por ejemplo, escenas de películas como “La lista de  Schindler”, “Titanic’ o ‘Psicosis”. Al mismo tiempo, los investigadores  midieron la actividad cerebral de los espectadores mediante  electroencefalografía de alta densidad, una técnica que permite  registrar los cambios de voltaje usando una gran cantidad de electrodos  que cubren la superficie del cuero cabelludo. Además, los  participantes  completaron breves cuestionarios antes y después de cada video, que  registraban su estado emocional de base y cuán afectados habían quedado  después de observar las imágenes.
Mediante el empleo de estas tecnologías, los investigadores midieron  la señal cardiaca simultáneamente a la señal cerebral y la usaron para  analizar el correlato cortical de los latidos del corazón. “Encontramos  que el proceso de evaluación emocional tuvo un efecto claro en la señal  corazón-cerebro relacionado con la valencia emocional (positiva, neutra y  negativa)”, dijo Adolfi. Asimismo, lograron comprobar que su modulación  depende de una red cerebral que incluye tres regiones del cerebro: la  corteza insular, la corteza cingulada anterior y la corteza prefrontal  medial.
Esta línea de investigación es relevante para arrojar más información  sobre trastornos psiquiátricos relacionados con la ansiedad o la  depresión, “ya que puede dar cuenta de procesos de integración  cuerpo-cerebro que podrían estar alterados, dando lugar a una  sintomatología relacionada”, afirmó Adolfi. “También allana el camino  para entender cómo las alteraciones periféricas, como la hipertensión,  podrían tener un efecto sobre los procesos cerebrales de la emoción o el  estrés”, agregó.
Actualmente, el laboratorio de Ibañez lleva adelante toda una línea  de investigación sobre estos procesos en participantes sanos y en  pacientes con trastornos psiquiátricos, neurológicos y enfermedades  neurodegenerativas.
Del avance también participaron los doctores Blas Couto, también primer  autor del estudio, Facundo Manes, María Velasquez, Marie Mesow y Tristán  Bekinschtein, de INECO, y Mariano Sigman, de la Universidad Torcuato di  Tella. Además de contar con el apoyo del CONICET, del estudio fueron  parte investigadores de Estados Unidos, del Reino Unido y de Chile.
Fuente: agenciacyta.org.ar
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