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Agustín Ibáñez: "Todavía no sabemos mucho acerca del cerebro"

El sanjuanino que maneja las neurociencias

Agustín Ibáñez es Doctor en Neurociencias Cognitivas (graduado con  máxima calificación), pero el detalle es que es sanjuanino y con mucho  en su haber. Nació y se crió hasta su adolescencia en Desamparados.  Estudió en la escuela Fray Mamerto Esquiú, y la secundaria en el colegio  Don Bosco. Luego estudió Psicología en la Universidad Católica de Cuyo.
'El San Juan de mi  infancia y adolescencia me trae increíbles recuerdos de sol, sequedad,  veranos con guitarreadas trasnochadas y grandes amigos de toda la vida  (muchos de los cuales aún conservo). También de salidas a la montaña en  soledad. 'No existe lugar como el desierto o la montaña para dar rienda suelta a la imaginación científica'.  Deje la provincia gracias a varias becas internacionales para hacer mi  doctorado, especialización y dos post doctorados en neurociencia que me  llevaron a Chile, Alemania, Cuba, de vuelta a Alemania y finalmente  Argentina en el 2010, cuando ingrese en el consejo nacional de ciencia y  tecnología. Mi formación más fuerte la tuve en el Instituto Max Planck  for Brain Reseach (en Frankfurt) y luego en la Universidad de Heidelberg  (ambas en Alemania). Después aprendí mucho al integrar el Centro de Neurociencia Cognitiva y Social de la University of Chicago, y al Center  of Excellence of Cognition and its Disorders (Sydney) del consejo de  ciencias australiano.

La disciplina nueva
'Las neurociencias cognitivas son una de las empresas científicas más  recientes y desafiantes que prometen redescubrir la mente humana de  forma revolucionaria. Con el beneficio de la síntesis y el escándalo de  la omisión, podemos decir que son una empresa científica que explora la  organización y las funciones del cerebro. Y en realidad, acá hablamos de  neurociencias cognitivas: el estudio de las bases cerebrales de los  fenómenos mentales, desde la acción hasta el comportamiento social,  pasando por un sinfín de vericuetos perceptivos, atencionales,  afectivos, lingüísticos, etc. Gracias a una política de puertas  abiertas, este es uno de los ámbitos más heterogéneos que pueda  concebir. Al interior de las neurociencias cognitivas coexisten  múltiples profesiones, incluyendo neurólogos, físicos, biólogos,  etólogos, psicólogos, psiquiatras, lingüistas, filósofos, sociólogos,  matemáticos, estadistas, programadores, y otros más. Además, el campo  consta de múltiples ramas, como la neurociencia social, la neurociencia  computacional, la traslativa, la integrativa, la neurolingüística y la  neuroeducación, entre tantas otras. Cada una tiene su propia agenda de  temas, sus propias teorías, sus propios desafíos. Pero en síntesis, se  trata de un conjunto de investigadores que buscan desentrañar los  vínculos el universo de nuestra mente y ese kilito y medio de tejido  nervioso que nos llena la cabeza'.

El compañero de Manes
En realidad, dirijo el Instituto de Neurociencia Cognitiva y  Traslacional (INCYT) que es un órgano tripartito constituido por INECO,  el Instituto de Neurociencias de Favaloro, y el CONICET. El INCYT, que  reúne a más de 70 investigadores y clínicos, tiene la misión de promover  la investigación traslacional en neurociencias en los trastornos  cognitivos, neurológicos, psiquiátricos y neuropsicológicos, la  formación académica de profesionales, el desarrollo de tecnologías  basadas en las neurociencias al servicio de la salud mental, y la  educación y concientización en la comunidad acerca del funcionamiento  cerebral y las enfermedades neurológicas y psiquiátricas. Su filosofía  está basada en la integración, sinergia y traslación de las  neurociencias cognitivas y las ciencias aplicadas. El INCYT es un centro  de excelencia, reconocido internacionalmente, donde los científicos de  diferentes disciplinas colaboran conectando modelos teóricos e  investigación básica de neurociencia cognitiva con aplicaciones  concretas en personas con problemas cognitivos de origen neurológico o  psiquiátrico. También soy investigador de la Universidad de Chicago  (USA), del Consejo Australiano de Investigación, y de la Universidad  Adolfo Ibáñez (Chile). Soy además presidente de la División  Latinoamericana de la Society for Social neuroscience, e investigador  del Human Affectome Project. A través de esta red internacional  promovemos la investigación regional (Sudamericana) en neurociencias  cognitivas traslacionales y sus aplicaciones en la neuropsiquiatría, a  fin de mejorar los estándares internacionales de ciencia, aplicación  tecnológica y divulgación en la región.

Su especialidad dentro de la Neurociencia
Mi línea de investigación principal consiste en entender, a nivel  neurocognitivo, como hace el cerebro para anticipar el futuro en base al  contexto, en particular en la interacción social. En particular me  interesa el estudio de los trastornos cerebrales que tiene deficiencias  en esta capacidad. Actualmente, he desarrollo una plataforma técnica y  científica para el estudio de las bases cerebrales de la cognición  social y otros procesos cognitivos afectados en múltiples cuadros  neurológicos y psiquiátricos, tratando de inventar herramientas para una  mejor caracterización e intervención de los mismos. Estamos trabajando  en una red regional para las neurociencias cognitivas traslacionales y  sus aplicaciones en la neuropsiquiatría, con el fin de que la región  tenga los mejores estándares internacionales de ciencia, aplicación  tecnológica y divulgación. Sudamérica posee investigadores brillantes y  altamente motivados, creatividad, capacidad de autorganización y  superación continua de las dificultades. Solo falta mirar juntos, un  poco más allá del presente. Me interesa además la apropiación social de  la neurociencias y el debate ético y social acerca de ella dado su  acelerado impacto en lo que entendemos que nos hace humanos y en la  redefinición de lo que llamamos mente.

¿Qué aportes puede hacer la neurociencias a la educación? ¿Qué deberían saber los docentes?
Actualmente existe un enorme crecimiento en el conocimiento científico,  el hiperdesarrollo de nuevas tecnologías, y una verdadera revolución en  las formas de comunicación y divulgación de ideas. Ello impacta  notoriamente en las ciencias de la educación, que estudian el  aprendizaje. En los últimos años las neurociencias han hecho aportes  fundamentales para su compresión. En Argentina, como en muchos otros  países, el sistema educativo enfrenta desafíos inéditos, que van desde  la incorporación de las nuevas tecnologías hasta la lucha contra la  deserción escolar, pasando por la actualización de presupuestos y  prácticas pedagógicas y didácticas. Para hacer frente a estos desafíos,  debemos comprender cómo funciona el aprendizaje. Hoy en día asumimos que  el aprendizaje, y su consecuente flexibilidad para el cambio, dependen  de mecanismos cerebrales específicos. No existe educación sin  aprendizaje. Las neurociencias estudian como nuestro cerebro aprende, y  ya han mostrado que muchos de los procesos que lo guían no siguen los  lineamientos de currículos institucionales de la enseñanza. Por otra  parte, la tecnología ha revolucionado el aprendizaje y cambiado  completamente el estatus del conocer. Incluso nuevos problemas como el  analfabetismo digital o la inclusión de formas no institucionales de  aprendizaje serán determinantes en el futuro de las sociedades. Para  contar con mejores herramientas de cara a la educación en el siglo XXI,  es indispensable que el conocimiento neurocientífico llegue a mano de  los docentes, los estudiantes y los padres.
Fuente: diariodecuyo.com.ar
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