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Einstein

En el siglo XVII, la sencillez y elegancia con que Isaac Newton  había logrado explicar las leyes que rigen el movimiento de los cuerpos  y el de los astros, unificando la física terrestre y la celeste, deslumbró  hasta tal punto a sus contemporáneos que llegó a considerarse completada la mecánica. A finales del siglo XIX, sin embargo, era ya  insoslayable la relevancia de algunos fenómenos que la física clásica no podía explicar. Correspondió a Albert Einstein superar tales  carencias con la creación de un nuevo paradigma: la teoría de la relatividad, punto de partida de la física moderna.
En tanto que modelo explicativo completamente alejado del sentido  común, la relatividad se cuenta entre aquellos avances que, en los  albores del siglo XX, conducirían al divorcio entre la gente corriente y una  ciencia cada vez más especializada e ininteligible. No obstante, ya en vida del físico o póstumamente, incluso los más sorprendentes e  incomprensibles aspectos de la relatividad acabarían siendo confirmados. No debe extrañar, pues, que Albert Einstein sea uno de los  personajes más célebres y admirados de la historia de la ciencia: saber que son ciertas tantas ideas apenas concebibles (por ejemplo, que  la masa de un cuerpo aumenta con la velocidad) no deja más opción que rendirse a su genialidad.
Un mal estudiante
Albert Einstein nació en la ciudad bávara de Ulm el 14 de marzo de  1879. Fue el hijo primogénito de Hermann Einstein y de Pauline Koch, judíos ambos, cuyas familias procedían de Suabia. Al siguiente año  se trasladaron a Munich, en donde el padre se estableció, junto con su hermano Jakob, como comerciante en las novedades  electrotécnicas de la época.
El pequeño Albert fue un niño quieto y ensimismado, y tuvo un  desarrollo intelectual lento. El propio Einstein atribuyó a esa lentitud el hecho de haber sido la única persona que elaborase una teoría como la  de la relatividad: «un adulto normal no se inquieta por los problemas que plantean el espacio y el tiempo, pues considera que todo  lo que hay que saber al respecto lo conoce ya desde su primera infancia.  Yo, por el contrario, he tenido un desarrollo tan lento que no he empezado a  plantearme preguntas sobre el espacio y el tiempo hasta que he sido  mayor».
En 1894, las dificultades económicas hicieron que la familia  (aumentada desde 1881 con el nacimiento de una hija, Maya) se trasladara  a Milán; Einstein permaneció en Munich para terminar sus estudios secundarios,  reuniéndose con sus padres al año siguiente. En el otoño de 1896 inició sus estudios superiores en la Eidgenossische Technische  Hochschule de Zúrich, en donde fue alumno del matemático Hermann Minkowski, quien posteriormente generalizó el formalismo  cuatridimensional introducido por las teorías de su antiguo alumno.
El 23 de junio de 1902, Albert Einstein empezó a prestar sus  servicios en la Oficina Confederal de la Propiedad Intelectual de Berna,  donde trabajó hasta 1909. En 1903 contrajo matrimonio con Mileva Maric, antigua compañera de  estudios en Zúrich, con quien tuvo dos hijos: Hans Albert y Eduard, nacidos respectivamente en 1904 y en 1910. En 1919 se divorciaron, y  Einstein se casó de nuevo con su prima Elsa.
La relatividad
Durante 1905, publicó cinco trabajos en los Annalen der Physik:  el primero de ellos le valió el grado de doctor por la Universidad de Zúrich, y los cuatro restantes acabarían por imponer un cambio  radical en la imagen que la ciencia ofrece del universo. De estos  cuatro, el primero proporcionaba una explicación teórica, en términos  estadísticos, del movimiento browniano, y el segundo daba una interpretación del efecto fotoeléctrico basada en la hipótesis de que la  luz está integrada por cuantos individuales, más tarde denominados fotones. Los dos trabajos restantes sentaban las bases  de la teoría restringida de la relatividad, estableciendo la  equivalencia entre la energía E de una cierta cantidad de materia y su masa m en términos de la famosa ecuación E = mc², donde c es la velocidad de la luz, que se supone constante.
El esfuerzo de Einstein lo situó inmediatamente entre los más  eminentes de los físicos europeos, pero el reconocimiento público del verdadero alcance de sus teorías tardó en llegar; el Premio Nobel de  Física, que recibió en 1921, le fue concedido exclusivamente «por sus trabajos sobre el movimiento browniano y su interpretación del  efecto fotoeléctrico». En 1909 inició su carrera de docente universitario en Zúrich, pasando luego a Praga y regresando de nuevo a  Zúrich en 1912 para ser profesor del Politécnico, en donde había realizado sus estudios.
En 1914 pasó a Berlín como miembro de la Academia de Ciencias prusiana. El estallido de la Primera Guerra Mundial  le forzó a separarse de su familia (por entonces de vacaciones en Suiza), que ya no volvió a  reunirse con él. Contra el sentir generalizado de la comunidad académica berlinesa, Einstein se manifestó por entonces abiertamente  antibelicista, influido en sus actitudes por las doctrinas pacifistas de  Romain Rolland.
En el plano científico, su actividad se centró, entre 1914 y 1916, en  el perfeccionamiento de la teoría general de la relatividad, basada en el postulado de que la gravedad no es una fuerza sino un campo  creado por la presencia de una masa en el continuum espacio-tiempo. La confirmación de sus previsiones llegó en 1919, al fotografiarse el eclipse solar del 29 de mayo; The Times  lo presentó como el nuevo Newton y su fama internacional creció, forzándole a multiplicar  sus conferencias de divulgación por todo el mundo y popularizando su imagen de viajero de la tercera clase de ferrocarril, con un estuche  de violín bajo el brazo.
Hacia una teoría unificadora
Durante la siguiente década, Einstein concentró sus esfuerzos en  hallar una relación matemática entre el electromagnetismo y la atracción gravitatoria, empeñado en avanzar hacia el que, para él,  debía ser el objetivo último de la física: descubrir las leyes comunes que, supuestamente, habían de regir el  comportamiento de todos los objetos del universo, desde las partículas subatómicas hasta los cuerpos estelares, y agruparlas en una única  teoría "de campo unificado". Tal investigación, que ocupó el resto de su vida, resultó infructuosa y acabó por  acarrearle el extrañamiento respecto del resto de la comunidad científica. A partir de 1933, con el acceso de Hitler al poder, su  soledad se vio agravada por la necesidad de renunciar a la ciudadanía alemana y trasladarse a Estados Unidos; Einstein pasó los últimos  veinticinco años de su vida en el Instituto de Estudios Superiores de Princeton (Nueva Jersey), ciudad en la que murió el 18 de abril de  1955.
Einstein dijo una vez que la política poseía un valor pasajero,  mientras que una ecuación valía para toda la eternidad. En los últimos años de su vida, la amargura por no hallar la fórmula que  revelase el secreto de la unidad del mundo hubo de acentuarse por la necesidad que sintió de intervenir dramáticamente en la esfera de  lo político. En 1939, a instancias de los físicos Leo Szilard y Paul Wigner, y convencido de la posibilidad de que los  alemanes estuvieran en condiciones de fabricar una bomba atómica, se  dirigió al presidente Roosevelt instándole a emprender un programa de investigación  sobre la energía atómica.
    
Después de las explosiones de Hiroshima y Nagasaki, Einstein se unió a  los científicos que buscaban la manera de impedir el uso futuro de la bomba y propuso la formación de un gobierno mundial a  partir del embrión constituido por las Naciones Unidas. Pero sus  propuestas en pro de que la humanidad evitara las amenazas de destrucción  individual y colectiva, formuladas en nombre de una singular amalgama de  ciencia, religión y socialismo, recibieron de los políticos un rechazo comparable  a las críticas respetuosas que suscitaron entre los científicos sus sucesivas versiones de la idea de un campo unificado.
Albert Einstein sigue siendo una figura mítica de nuestro tiempo;  más, incluso, de lo que llegó a serlo en vida, si se tiene en cuenta que aquella fotografía suya en que exhibe un insólito gesto de  burla (sacando la lengua en una cómica e irreverente expresión) se ha visto elevada a la dignidad de icono doméstico después de ser  convertida en un póster tan habitual como los de los ídolos de la canción y los astros de Hollywood. Sin embargo, no son su genio  científico ni su talla humana los que mejor lo explican como mito, sino, quizás, el cúmulo de paradojas que encierra su propia biografía,  acentuadas con la perspectiva histórica. Al Einstein campeón del pacifismo se le recuerda aún como al «padre de la bomba»; y  todavía es corriente que se atribuya la demostración del principio de que «todo es relativo» precisamente a él, que luchó  encarnizadamente contra la posibilidad de que conocer la realidad significara jugar con ella a la gallina ciega.

El 16 de abril de 1955, Albert Einstein experimentó una hemorragia interna causada por la ruptura de un aneurisma de la aorta abdominal, que anteriormente había sido reforzada quirúrgicamente por el Dr. Rudolph Nissen en 1948.
Einstein rechazó la cirugía, diciendo: "Quiero  irme cuando quiero. Es de mal gusto prolongar artificialmente la vida.  He hecho mi parte, es hora de irse. Yo lo haré con elegancia."
Murió en el Hospital de Princeton a primera hora del 18 de abril de 1955 a la edad de 76 años.  En la mesilla quedaba el borrador del discurso frente a millones de  israelitas por el séptimo aniversario de la independencia de Israel que  jamás llegaría a pronunciar, y que empezaba así: "Hoy les hablo no como ciudadano estadounidense, ni tampoco como judío, sino como ser humano".
 Einstein  no quiso tener un funeral rutilante, con la asistencia de dignatarios  de todo el mundo. De acuerdo a su deseo, su cuerpo fue incinerado en la  misma tarde, antes de que la mayor parte del mundo se enterara de la  noticia. En el crematorio solo hubo 12 personas, de los  cuales estuvo su hijo mayor. Sus cenizas fueron esparcidas en el río  Delaware a fin de que el lugar de sus restos no se convirtiera en objeto  de mórbida veneración. Pero hubo una parte de su cuerpo que no se quemó.
Durante la autopsia, el patólogo del hospital, Thomas Stoltz Harvey extrajo el cerebro de Einstein para conservarlo,  sin el permiso de su familia, con la esperanza de que la neurociencia  del futuro fuera capaz de descubrir lo que hizo a Einstein ser tan  inteligente.
Lo  conservó durante varias décadas hasta que finalmente lo devolvió a los  laboratorios de Princeton cuando tenía más de ochenta años. Pensaba que el cerebro de Einstein "le revelaría los secretos de su genialidad y que así se haría famoso."
Hasta  ahora, el único dato científico medianamente interesante obtenido del  estudio del cerebro es que una parte de él (la parte que, entre otras  cosas, está relacionada con la capacidad matemática) era más grande que la misma parte en otros cerebros.

Las imágenes de una supernova respaldan la Teoría de la Relatividad de Einstein

La supernova que podemos ver en la imagen explotó hace más de 9.000  millones de años y, gracias al telescopio espacial Hubble de la  NASA/ESA, un equipo de astrónomos de la Universidad de California en  Berkeley (EE.UU.) ha podido observar por primera vez en la historia, cuatro imágenes distintas de la explosión de esta estrella.
La gran explosión provocó una lupa cósmica creando múltiples imágenes de la supernova, un efecto ya predicho en la famosa Teoría General de la Relatividad de Albert Einstein hace, nada más y nada menos, que 100 años.  De hecho, este efecto, en el que podemos ver las múltiples imágenes de  la supernova organizadas alrededor de una galaxia elíptica, forman lo  que se denomina “Cruz de Einstein”.
El hallazgo de esta distante galaxia ha permitido, además de probar la teoría de la relatividad,  obtener información acerca de la cantidad de materia oscura en el  universo y sobre la fuerza de la gravedad. Lo que han podido observar  los científicos “es una reliquia de una época más simple, cuando el  Universo todavía estaba desacelerando. Podemos utilizar eso para averiguar cómo la materia oscura y la energía oscura han influido en el Cosmos”, explica Brad Tucker, coautor del estudio que recoge la revista Science.
Se  trata de la primera vez que se observa una explosión estelar resuelta  de esta forma. Para los investigadores inmersos en el estudio de  galaxias distantes ha sido “una auténtica sorpresa” ya que la formulación de la teoría de la relatividad cumplió en 2015 su primer centenario.
Estas  cuatro instantáneas captadas por el telescopio Hubble aparecieron con  pocos días/semanas de diferencia debido a que parte de la luz se retrasa  por viajar a través de la densa materia oscura y llegan en momentos diferentes. Dentro de diez años aparecerá una nueva imagen de la supernova, según estiman los astrónomos.
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