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Viajar para cuidar el cuerpo y la mente

Viajar se ha convertido en los últimos años en una actividad al alcance de casi cualquiera. Además de la diversión, muchos expertos en neurología han demostrado que la mente obtiene numerosos beneficios tras un viaje, algo que hace que la experiencia resulte de lo más provechosa.

Lo importante es el viaje, no el destino

Es cierto que cuanto más tiempo se alargue un viaje más beneficios se recogen. Sin embargo, los expertos hacen hincapié en que basta con una pequeña escapada para que se activen numerosos mecanismos que repercuten directamente en la salud física y mental. Pero no solo viajar mejora el estado del cerebro, dedicar tiempo a jugar a diferentes juegos en línea o el simple hecho de aprender un idioma son excelentes actividades que harán que la salud mental de cualquiera sea mejor. Debés tener claro que la actividad del viaje comienza mucho antes de partir hacia el destino elegido. La planificación del mismo e incluso el fantasear con las actividades que se llevarán a cabo son una vía de escape a la que no se debe renunciar, ya que componen una parte muy importante de esas mejoras psicológicas que un viaje nos puede aportar.
Ahora bien, es necesario tener claro que existen diferencias entre los viajeros ocasionales y aquellos que tienen el viaje como forma de vida. Los primeros, la inmensa mayoría de las personas, recogerán beneficios esporádicos que se disipan con el tiempo y, por supuesto, con los hábitos rutinarios a la vuelta del descanso. Por el contrario, los viajeros empedernidos suelen contar con beneficios como una capacidad para entender la vida de forma más adecuada y una mayor pasión en todo lo que emprenden, características que los convierten en personas más equilibradas desde un punto de vista psicológico.

Los beneficios de viajar

Como vos podés haber entendido desde el principio, el presente escrito intenta sacar a la luz los beneficios que un viaje puede dar. El primero es un mayor conocimiento de las personas que nos rodean. Al realizar un viaje se entra en contacto con distintas culturas, saberes y tradiciones. Esto no implica tener que irse a miles de kilómetros, en muchos casos basta con visitar una ciudad del mismo país para comprobar que los estilos de vida son muy diferentes. El beneficio de esto es la capacidad para relativizar conductas y tener una mayor tolerancia frente a lo desconocido, dos características que según la neurología son propias de personas mentalmente sanas. La pérdida del estrés cotidiano es también un motivo para viajar como remedio para sanar la mente. Se ha comprobado que a la vuelta de un viaje cualquier individuo goza de menores niveles de estrés y, además, de valores fisiológicos más saludables, como una menor presión sanguínea. La sensación de bienestar que se deriva de todo ello es una de las causas de que existan personas que no pueden dejar de viajar. Esto incide directamente en la vida cotidiana. Tras un viaje, las relaciones con familiares o compañeros de trabajo mejoran, lo mismo que las perspectivas que se tienen sobre el futuro. Junto con todo ello, viajar supone un aumento de la creatividad, la curiosidad y la confianza en uno mismo. No hay que dejar de lado que el viaje siempre tiene un punto de aventura aunque esté perfectamente planificado, por lo que sirve para recuperar en parte la sensación de libertad que a veces se pierde por el ritmo frenético del día a día.

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